El umbral de los tres tiempos

Y cuando el día se cansa de su propio esplendor, sobreviene el . No como un final, sino como una herida dorada que sangra púrpura. En esa hora los mediadores cumplen su oficio más sagrado: enseñar a la luz cómo despedirse sin apagarse del todo.

Todo comienza otra vez cuando la última claridad acepta convertirse en primera estrella.

Porque el ocaso no es el enemigo del inicio, sino su espejo. Y los mediadores, sus guardianes.