—¡Misión! —gritó Finn, saltando al aire y aterrizando de cabeza—. ¡Dolor y gloria!

—¡Alto, mocoso gigante! —gritó Finn, desenfundando la Espada Raíz.

Llegaron al Bosque de los Susurros Alérgicos. Todo era púrpura y estornudaba. Los árboles tenían caras de resfriado.

—No traemos la espada entera —dijo Finn—, pero aprendimos que los malos recuerdos también nos hacen quienes somos.

Y Finn, riendo, le dio un mordisco a su mejor amigo. Porque en la Tierra de Ooo, a veces la mejor aventura es recordar que el verdadero tesoro es no olvidar a quienes quieres.

—Eso es mucho más valioso. Ahora, ¿alguien quiere un gofre?

—¡Finn, espabila! —Jake se hizo gigante y sopló con fuerza para disipar la niebla.

En el centro del bosque, sobre un altar de musgo, descansaba la espada. Era hermosa: el mango era un pañuelo enrollado y la hoja parecía lágrimas cristalizadas. Pero a su alrededor, un ser de niebla y estornudos custodiaba la espada: , un monstruo con forma de pañuelo usado que lanzaba mocos mágicos.

About the author

Lavanya

Lavanya

Seasoned blogger with over 10 years of experience. Highly knowledgeable in phone hardware, software and networking.